Por mucho tiempo, el fin de semana era esperado por mi para poder salir, divertirme, bailar, tomar (a veces de más, a veces normal), distenderme, relajarme, encontrarme con gente que hacía mucho que no veía. Significaba amigos, conocidos, gente nueva... Pero de un tiempo a ésta parte éstos días han mutado, han tenido una metamorfosis tan completa y subyacente como imprevista. Afortunadamente, claro está. Hoy tal vez no me preocupo tanto por organizar una previa, por acordar a donde salir, por armar alguna cena o algún punto de encuentro. Hoy no, ya no. Me preocupan mucho mas otras cosas. Me preocupa saber que va a pasar con vos, conmigo, con nosotros, con los dos...
Vejez, ansiedad, aceleración, molestia, ganas. Sensación de extrañar, de necesitar, de abrazar, de besar, de estar. Todo me lleva a no darle importancia a la ya infaltable salida de fin de semana. Todo me lleva ahora a generar y concretar el encuentro que espero durante 5 días. Todo me lleva a vos. Siempre a vos...
A ver, volvemos a un tema que ya casi se cae de maduro. Es verdad, el tiempo no tiene relación con lo que mi cuerpo revoluciona cada momento que piensa en vos. Pero créeme que el único resquemor que tengo en ser tan sincero y frontal es... El tiempo. No quiero que pienses que soy un loco, un demente, un desquiciado. Así soy, así siento, así vivo. Pero soy consciente de que también el ser así genera desconfianza en los demás. Por eso es que intento (a veces con poco éxito, otras con nada de el) de ser un poco reservado con ese tipo de cuestiones. Pero me es inevitable no querer verte todos los días, no extrañarte, no llenarte de mensajes, no decirte algo lindo, no intentar cuidarte...
Día a día te fuiste convirtiendo en vital. No puedo pasar más de algunas horas sin saber de vos, sin estar ahí de alguna manera metido en tus momentos. Mil veces te dije que me siento molesto, mil y una me corregiste que no. Peor a veces es inevitable no sentirme así. Y aunque por muchos flancos me quieran derribar, aunque de muchos sitios me quieran boicotear, aunque mucha gente no quiera que esté con vos, desde acá y ahora te voy a decir lo siguiente: voy a dejar la piel para poder ser quien te dibuje todos los días la sonrisa más hermosa que nunca jamás tuviste.
Cada momento que paso con vos es increíble, imborrable, épico. Espero tanto que lleguen éstos dos días para estar juntos que intento explotarlos de la mayor manera posible. Lamentablemente me estoy acostumbrando a que algún imprevisto acontezca, pero nada de eso empaña esos lindos ratos que me regalas. Al menos hasta que doy media vuelta, te hago de guardia hasta que entras a tu casa y me voy pateando sueños con vos hasta mi casa...
Tus abrazos, tus besos, tus manos (esas que no me dejas observar), tus miradas (esas que no me podes sostener), tus caricias, tus enrolladas de pelo, tus sonrisas, tus bardos afectivos, tu pelo... Todo, absolutamente todo queda grabado a fuego en mi mente, como un recuerdo que repito constante e incesantemente minuto a minuto hasta que otro fin de semana vuelva a comenzar. Lo reitero cada vez que mi corazón destila la necesidad de volver a tus brazos. Lo revivo en cada momento que te extraño.
Me acostumbré a que me regales felices amaneceres, a que me hagas dormir cada mañana con una sonrisa en la cara, a que vuelva a latir mi costado izquierdo, a que despierte el soñador compulsivo, a que cada día, cada tarde y cada noche te tenga presente como si estuvieses al alcance de mi mano.
¿Un mes? Sí, un mes. Y no me canso de apostar y seguir apostando. Me animo a enfrentar a todo y todos. No le tengo miedo al fracaso, porque siento que el futuro está a tu lado. Me juego la piel si es necesario, el aliento y cada centavo. No me interesa otra cosa que seguir afianzando ésto que me pasa. Intentar darte lo mejor del mundo, ni más ni menos de lo que te mereces, ser inmensamente feliz. Quiero que tengas lo mejor, que seas la mujer más radiante del planeta, que no sepas lo que es el dolor y que si en algún momento se aproxima a vos, poder paliarlo sin que siquiera te roce. Quiero ser yo esa persona que radique de tu vida los malos momentos y que la convierta en una eterna fiesta de regocijo y alegría. Sí, quiero ser yo. Y no sólo eso, sino que lo voy a intentar, cueste lo que me cueste... Hoy tengo un sólo objetivo, una sola prioridad, una sola razón de poder seguir remando hasta la meta: vos.
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