Los labios que pican constantemente como si se posaran en los tuyos, imaginación eterna de un beso que no fue despedida, sino la recepción inclaudicable de una eterna bienvenida. El sabor consistente e infinito de tu aliento, permanente y presente en cada esbozo de palabras que pronuncian mi boca.
Agazapante, intrépida y dulce mirada, profunda y tímida sin sostén en la mía, gacha por momentos, erguida en cada uno de mis días. Penetrante y segura, firme y vergonzosa, tibia y rozagante, bella y eterna.
Imperfectas para vos, indispensables para mi. Cada caricia sobre mi pelo tiene un precio incalculable, cada regreso tomados de ellas congelan el tiempo y lo hacen eterno. Cada vez que intento mirarlas, se pierden por ahí. Frías al tacto pero inmensamente cálidas cada vez que hablan con sus gestos. Las manos que desvelan mis sueños y se esconden cada amanecer entre sí.
Gigante y perfecta. ¿Cómo no iba a ser lo primero que me iba a atrapar? La muestra más fehaciente de cada uno de tus estados, quien se hace presenta cada vez que cierro los ojos y me lleva a vos. La obsesión más grande que tengo, de dibujarla a fuego en tu rostro y sobre todas las cosas en tu alma. Una sonrisa tuya opaca el sol, lo denigra y lo rinde a tus pies.
Tu dulzura escondida detrás de la fuerte coraza de acero que te rodea, tu sapiencia a la hora de escapar, tu humor desopilante y sin límites, tus ataques de sincericidio, tus amaneceres, tu histerias, tus oportunidades, tus vueltas, tus dolores, tus historias, tu vida...
Todo lo que hay en vos me lleva a un lugar, distinto y especial. Perfecto para quedarse allí y no regresar nunca más. Todo lo que hay en vos me derrite, me vence, me hace una mejor persona. Me devuelve el ángel, me regresa la felicidad. Me lleva a tocar la luna con la yema de mis dedos desde la pequeñez de mi ser. Me vuelve a veces invencible, a veces imbécil. Me da las fuerzas necesarias para poder envolverte en una caja de cristal y ser el guardián de casa uno de tus sueños, para ser el héroe que le de pelea a cada uno de tus miedos, para ser el hombre que sacie cada una de tus necesidades. Me das vida, me das jolgorio, me das todo aquello que necesito para ser y hacerte feliz.
(Hablé con tus abrazos, con boca, con tu mirada, con tus manos, con tu sonrisa y con todas esas cosas que me hacen tan bien. Ellos van a ser mis cómplices y compañía en éste viaje. Queremos construirte un mundo ideal donde puedas escapar cada vez que lo necesites, cada vez que quieras, cada vez que lo sientas. Todos queremos que vos también nos acompañes en ésta locura. ¿Venís? Nosotros te esperamos).
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