miércoles, 7 de marzo de 2012

El primer sueño cumplido (Día III).-‏



No importa ya si son quince, dieciséis, diecisiete o dieciocho. No importan ya los motivos, tampoco las causa o causalidades que nos pusieron en el mismo camino. No importa si fue un error o algo premeditado. No importa si el destino lo tenía planeado. No importa nada de nada. Nada, excepto vos. Sí, es verdad que una tormenta sobrevoló el cielo celeste y radiante que teníamos sobre nuestras cabezas. Sí, es verdad que por momentos estuvimos mas cerca del infierno que del edén. Sí, es cierto que fueron días difíciles en los que no la pasamos nada bien. Sí, es cierto. Todo es cierto. Todo, así como también que nunca estuvo en mis planes perderte, que si era necesario iba a pelear bajo capa y espada, y si eso no bastaba, no habría dudado en pelar uñas y dientes. Sí, todo eso es verdad. Todo, así como también que ando rozagante, sonriente, contento, todo porque me topé con vos y mágicamente me devolviste todo aquello que sentía perdido. Sí, eso también es verdad... 
Una mañana, cuando aún las copas sonaban de una fatídica madrugada, en un acto de lindo sincericidio te confesé que había concebido sueños para llevar a cabo, para cumplirlos y disfrutarlos con vos. Sueños, que en mi mente estaban latentes, pero que en la realidad aún sonaban lejanos. Sueños, muchos sueños. Y como dice Drexler, "soñar no cuesta nada", yo seguí soñando. Y por suerte no dejé de hacerlo.
Ya era feliz habiendo disipado de nuestro cielo esos feos nubarrones que quisieron ser un letal temporal. Al menos, habiendo podido hablar con vos de frente, contándote cual era mi realidad, mi verdad. Fui más feliz cuando, inmersos en la profundidad y seriedad del tema que nos competía, deambulamos por las calles de la ciudad que, espero, sea la que nos una fervientemente. Pero, aunque me costó convencerte, volviéndote loca con mis incesantes insistencias, todo se volvió efímero como en mis sueño...
Creo que sólo me faltó convertir la calabaza en carruaje y llevarte en él a cumplir el primero de mis muchos anhelos con vos. No sé si se notaba en mi rostro, pero la sonrisa interna rompió un récord en su rubro personal. Tal vez para muchos sea "algo mas" o hasta "una estupidez". Para mi era la coronación de un día perfecto. 
Un lugar, un ambiente, un box, dos platos, dos copas, un par de cubiertos... Y sobre todas las cosas, vos. Vos. Vos... Tu sonrisa, tos ojos, tu pelo. Vos... Y ya nada importaba. Y ya todo tenía sentido. Tuve la necesidad de correr las cosas y tocarte la mano para constatar que no estaba soñando, que todo era real. Y así fue...
Fueron casi tres horas de perfección. De suma perfección. Nos conectamos, nos escuchamos, nos entendimos, nos aprovechamos, nos exprimimos, nos sentimos. Y yo entendí que todo había valido la pena, que no me había equivocado, que mis impulsos y sensaciones siempre habían estado en lo correcto. Entendí también que "soñar no cuesta nada", siempre y cuando se deje todo por lo que uno realmente siente con el corazón...
El bonus de todo fue poder caminar con nuestros dedos entrelazados durante las cuadras que nos separaban de nuestros hogares. Cuadras que, producto de éste tierno hecho, fueron cuasi eternas. Mucha gente dice que las despedidas no son buenas. Tengo que discrepar, porque la noche se coronó con el mas lindo abrazo, el más tierno beso y un "cuidate mucho" que va a quedar por siempre en mis recuerdos.
Quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho días. Creo que ya no me importan cuanto son en realidad, porque cada día en vos descubro un nuevo ingrediente que me sostiene en la felicidad que el primer día me supiste regalar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario