Yo no sé si es la famosa química, no sé si es coincidencia, no sé si es que se ha forjado un fuerte lazo, no sé si ha aparecido el afecto. Lo que si sé es que de lo trágico, del fin de semana espantoso que tuvimos, sólo bastó la explicación pertinente, los "reproches", las molestias expuestas y ya. El mal momento no se borrará con el codo, por supuesto. Pero tengo miedo a equivocarme si digo que las ganas de estar juntos y lo bien que la pasamos nos ayudan a superar tales momentos. Sí, lo digo con miedo al error, pero con la certeza que el corazón me impone.
No voy a ahondar en detalles ni sensaciones que ya expuse en anteriores momentos (y que hemos hablado civilizadamente, como corresponde), pero aunque la frase echa sea un quema "las reconciliaciones son lo mejor". Y cuanta razón tiene...
Ni uno, ni dos... Tres. Algo que nunca había pasado, pero sucedió. Aunque en algún momentos estuve desahuciado por entender que era imposible llevar a cabo mi plan de pasar mi super franco largo con vos (armado para la ocasión, claro está), la realidad me regaló una hermosa sorpresa. La realidad o vos. Vos, que sos mi realidad...
Ni uno, ni dos... Tres. Lunes, martes y miércoles. Tres madrugadas bajo el duro manto de la niebla, la cerrazón y el frío como actor principal, pero que pasó a tener un papel secundario vencido por la fundición y mezcla precisa de los abrazos más cálidos y sinceros.
Ni uno, ni dos. Tres... Sí, sí. Tres... Tres hermosísimas noches que me regalaste a tu lado, con tu compañía, con tu risa, con tus manos, con tu olor, con tus besos, con tu ángel, con tu sola presencia...
A vos no te gusta reconocerlo. Por momentos pienso que no te queres hacer cargo, calculo que producto de la humildad. O no sé por que razón. Pero de verdad te lo digo, de corazón, con sentimiento y justo conocimiento de causa: mis días cambiaron desde que estás a mi lados. Mis días, mi humor, mi perspectiva y manera de observar las cosas, mis ganas, mis pensamientos, mis sentimientos. Todo cambió, absolutamente todo. Todo cambiaste, lo cambiaste vos.
Yo sé que las cosas deben llevar su justo tiempo, respetar su ritmo y rumbo. También sabes que yo soy un tanto "complicado" en esos aspectos, pero que hago todo lo posible por no irme de mambo. Pero la realidad le susurra a mi mente que ya entraste en mi vida, que sos una necesidad, que generaste una linda dependencia en la que verte es un bálsamo para mis días, en la que escuchar tu voz es la paz que ando buscando, sentir tus manos sobre las mías es la absoluta tranquilidad, disfrutar tus abrazos son la droga para saciar mis penas, saborear tus besos son el elixir de mi vida...
Y si, así fue como la inmensidad de tu persona me avasalló y llevó al sitio donde estoy, a ese lugar donde mi vulnerabilidad se convierte en fortaleza, donde nada me puede pasar y todo se resume a nada, donde me siento seguro y a la vez puedo flaquear sin temor a caer.
El mismo sitio en el que me siento preparado para sostenerte, para nunca soltarte la mano, para quererte como nadie, para protegerte de todos los males, para coronarte como absoluta y única, para ser arlequín y robarte todas las sonrisas, y a la vez el mártir que te ayude a tomar las decisiones importantes, para secar tu lágrimas inevitables y evitar las que no tengan razón de ser, para escudarte en el camino que has de recorrer derribando todos los escollos que se interpongan entre tus objetivos y vos, espantar todos los fantasmas y alivianar el peso de tu carga. Para, simple y sencillamente, ser tu compañero, ese que por vos daría y haría lo posible.
Lo posible y también lo imposible...
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